
Desde muy pequeños, nuestro sistema social nos obliga a ir a la escuela, bajo el argumento de que es ahí donde se adquieren los conocimientos y la preparación necesarios para alcanzar cierta posición económica y social. Algo que mi padre me inculco desde pequeño y no podría estar mas de acuerdo con ello ya que si lo vemos desde la perspectiva trascendente, la escuela es el lugar en donde, iniciamos una interrelación con otras personas, y a done descubrimos nuestra vocación personal, inclusive ahí puedes conocer a la mujer de tus sueños y los amigos que te acompañaran por el resto de tu vida.

Como todos he tenido buenos y malos maestros a lo largo de mi vida, gente que aun recuerdo pues me enseño valiosas lecciones y me apoyaron al participar y ganar concursos de poesía y oratoria.
Desde el nivel medio, la preparación del maestro debe más exigente y celosa. Un ciego no puede guiar a otro ciego, el profesor debe estar preocupado por tener las capacidades humanas e intelectuales para darse a sus alumnos de tal forma que sea capaz de moldear en ellos ciudadanos de bien.
La educación puede llegar a pervertirse o a no concluir en sus fines si se le adjudica otro objetivo. Los maestros tienen mala fama porque, se ha confirmado, su sindicato recibe grandes cantidades de dinero del erario a cambio de magros resultados.
Cuando los alumnos (léase yo y otros miles mas) reprueban sus exámenes de matemáticas, cuando no saben comprender lo que leen, cuando son capaces de amenazar de muerte a sus profesores en zonas marginadas o que viven su propia ley (como Tepito, por ejemplo), cuando desertan de la escuela por causas diversas, algo debemos estar haciendo mal en nuestro sistema educativo.
Sin embargo nunca se debe generalizar, el maestro es guía, orientador, formador. Deja o al menos debe dejar huellas indelebles en la mente de sus alumnos. Es la vocación la que lo debe mover, y puedo decir con orgullo que mis amigas si aman su profesión y realmente se preocupan por sus alumnos.
Debo decir que yo también he tenido la oportunidad de poder ser maestro al menos como capacitador en mi trabajo y dentro de mi iglesia y es algo hermoso poder transmitir conocimientos y moldear mentes que puedan ser conducidas a la verdad y al conocimiento, pero también es una gran responsabilidad que sin duda no puede ser tomada a la ligera.
Invito a todas las personas que ejercen la docencia que puedan seguir el modelo de un maestro, uno que fue perfecto en todo su andar que ayudo a multitudes y que sufrió por aquellas personas a las cuales les vino a enseñar la verdad ¿Ya sabes de quien hablo? ¡Jesús! el mejor maestro por excelencia.
A todos los profesores que viven su vocación intensamente, preocupados por servir a sus alumnos, conscientes de su misión: ¡Feliz Día del Maestro!